"Mientras ustedes no sean dueños de su alma, no lo serán de la mía."

Te voy a exorcizar.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Bird y orquesta: tema para improvisación.

Es algo que escribí hace unos meses sobre Charly "Bird" Parker. Probablemente mañana me arrepienta de haberlo colgado y lo quite. No me lo tengáis en cuenta. Manías de psicótica.

Es el jazz. Un trombón desde el fondo de su habitación, sonido de corneta descendiendo escaleras abajo hacia la cocina, melodía y aire, la corneta huele a naranjas maduras y limones aromáticos. Después, con las primeras luces de la mañana, ese solo del saxo barítono, tiene la densidad de la resina, el aroma a la madera que se seca al sol, la sugerencia del humo formando figuras que bailan allí donde el sonido choca contra las paredes y se desliza hacia arriba. El saxo es siempre el sonido que se pone de pie cuando llega la noche y, naturalmente, el piano, siempre al atardecer, siempre desde el fondo de su habitación, a veces con esa trompeta cansada que se burla de todo y desfallece como si le costara trabajo subir hasta el tejado y tirarse desde allí con un ataque de risa asmática. Es el jazz. Lo único que suena y se arrastra en el viejo gramófono de Nica. Porque dicen que se ha quedado sordo. Dicen que ya no puede tocar. Dicen que está muerto. Y tal vez sea cierto. Pero no lo es, porque sigue escuchando a Nica suplicándole que le deje llamar a un médico. Los rumores corren por toda la maldita ciudad. Bird ya no vuela. Y tal vez sea cierto. Diz dijo que había muerto hace mucho. Y tal vez fuera cierto entonces. Nueva York es la ciudad de los rumores, es un rumor por derecho propio, Charlie tiene serias dudas de que pueda existir más allá de las fronteras de lo imposible(es una frontera enorme en sí misma que no deja de deslizarse entre los dedos cuando intentas explicarla), pero los rumores suelen tener, aunque sea por no desmerecer a la ilustre ciudad, algo de verdad. Tendrá que morirse entonces, no querría quitarles la razón. Aunque si morirse fuera tan fácil lo habría conseguido hace tiempo, cuando Lover man y todo eso. Cuando Diz le dio por muerto y ni siquiera le dejaban tocar en el Birdland. Pero se había recuperado y les había enseñado a todos que los pájaros también tenían siete vidas. Aquello fue casi demasiado, pero no. Alguien dijo después que no podía ni sujetar el saxo, pero eso es una estupidez, lo único que Charlie podía hacer era sujetarse al maldito saxo, aunque tal vez fuera el saxo el que le sujetaba a él, el que le aferró a la vida. Después de todo no había otra cosa por la que seguir respirando.
Nica solía decirle que era un estúpido por seguir enganchado, pero no entendía que la culpa no era del todo suya. La culpa era de los clubes que no le pagaban lo que debían, de Diz que estaba obsesionado con ensayar aunque todos los locales de Los Ángeles se llenaran con un simple “Diz & Bird”, de la cría, que se había ido antes de tiempo. Era diminuta, más pequeña que ningún bebé que hubiese visto y lloraba a todas horas, como si no estuviese conforme con el mundo, tenía carácter. Ellie había dicho que era igual que su padre, que tenía pulmones destinados al jazz y, Charlie, aún a su pesar, había sonreído. Ninguna hija mía será cantante. Por la noche, cuando despertaba a toda la manzana llorando, cogía el saxo e improvisaba para ella. La niña se quedaba en silencio y le miraba con esos ojos enormes y curiosos que le ocupaban casi toda la cara, intentando agarrar el instrumento con sus manitas demasiado pequeñas incluso para un bebé. Entre solo y solo, le hablaba no es que no quiera que te dediques a la música, es que se pasa muy mal, hasta que venían los vecinos porque esas no eran horas para estar tocando. A esos músicos ni siquiera les preocupaba que su bebé descansara. Degenerados. Pero después, ella también se había ido y no la culpaba, quién querría vivir con un padre yonky que sólo podía componerle canciones que hacían llorar a Nica y darle el nombre de su madre.
Nica siempre lloraba cuando Charlie tocaba ese blues, volvía de la cocina con las pestañas húmedas, la cara lavada y entonces era esa Nica a la que Monk había compuesto uno de sus mejores temas, no Pannonica, la aristócrata trotamundos que congelaba con una mirada, no, era Nica, sólo Nica y mil solos de piano al atardecer en su casa de Nueva Jersey. Esa Nica que siempre había protegido a todos los músicos de Nueva York que eran lo bastante estúpidos para seguir vivos como si la vida fuese poesía, música y suicidio.
Monk decía siempre que, si Nica fuese una estación, sería un día de verano, que empieza brillando, sigue nublado, amenaza chaparrón, desencadena bochorno, acaba en tormenta y termina azulado incluso cuando se ha hecho de noche. Que Nica sería mil estaciones en un día, y un dolor de cabeza al amanecer porque nadie puede sentir tantas cosas.
Si Charlie estaba vivo(lo que no dejaba de dudar), era gracias a ella.
El saxo le da un codazo al piano, que empuja al trombón. La pelea ha comenzado, hagan sus apuestas, dice el platillo. La batería apremia a los espectadores, cada instrumento de la orquesta se suma a la contienda, es momento de declarar lealtades.
Charlie aguanta la respiración.
Todo estalla en un éxtasis de carcajadas, la música se ríe de los músicos. Porque es un juego al que ellos apenas han aprendido a jugar y se toman demasiado en serio.
El ruido de escarcha llena por primera vez en muchos días cada rincón de la casa, la aguja acaricia al vinilo compasivamente. En la tele, el concursante, falla la pregunta sorpresa, ¡error!, en los billetes de cinco mil dólares aparece un retrato del presidente Madison, el bote de la “Ruleta de la Fortuna” tendrá que esperar a la semana que viene, queridos telespectadores.
Bird ya no vuela. Y tal vez sea cierto.

3 comentarios:

Mariette dijo...

Por estas cosas es por las que te adoro tantísimo.


Teadoroteadoroteadoro!

Franz dijo...

2011 deseos!

Un poco de amor, paz... no sé

Un beso

Roberto dijo...

me dejaste sin palabras...voy a escuchar a charlie parker ahora mismo

puro terciopelo...joder

un beso